La proclamación de la Segunda República en Valdepeñas.

El 14 de abril de 1931 se proclamaba la república en España entre mucho ambiente festivo, retórica y deseos de reformas para todos. Las clases conservadoras y pudientes la recibieron con lutos, rezos y pesimismo.  Las clases populares con la esperanza de una mejora de vida y manifestaciones de alegría. Ambas actitudes eran lógicas y respondían a la realidad social del país. Hoy nos acercamos a esta realidad desde abajo, desde la situación de los obreros de Valdepeñas que, como en el resto de La Mancha, acogían la Segunda República con la esperanza de mejorar sus condiciones de trabajo y vida, así como la transformación de la estructura de la tierra. El poder de la tierra, como yo lo llamaría, es determinante para entender el origen de la Guerra Civil en esta región manchega. Viajemos a la historia local de nuevo. Aquella tarde de abril de 1931  una multitud de valdepeñeros acompañados por las comisiones de los partidos locales republicano, socialista y de la Casa del Pueblo se dirigieron a la sede del ayuntamiento lanzando vítores a la república y portando la bandera tricolor. Desde el balcón de la alcaldía, una vez izada la bandera, los líderes republicanos saludaron a los simpatizantes y anunciaron al pueblo el nuevo régimen. De esta manera quedaba proclamada la Segunda República en Valdepeñas: en la plaza, los ecos de La Marsellesa y el entusiasmo popular por la marcha del dictador, Primo de Rivera, un año antes y el fin de un largo periodo de limitación de derechos y esperanzas frustradas; en el ayuntamiento, la corporación saliente, con Manuel Ballenato (derechista liberal) al frente y los nuevos dirigentes, Antonio Ruiz García (socialista) y Ángel Grande Ramos (republicano liberal), Carlos Caminero Trujillo, entre otros,  esperaban el traspaso de poder. La noche continuó con serenatas y visitas a la Casa del Pueblo ubicada en la calle de la Reforma. A la mañana siguiente, todas las fuerzas vivas del pueblo encabezaron una manifestación para festejar el nuevo orden político. Partió la marcha de la calle de la Reforma y se dirigió hacia la calle Ancha donde se guardó un minuto de silencio delante de la casa natal del brigadier y guerrillero de la independencia Chaleco, sin lugar a dudas, en homenaje a la defensa de la libertad; ya en el ayuntamiento, se lanzó el grito de  “¡Viva la república!”. Por la noche tomaba posesión el nuevo gobierno municipal republicano-socialista: Antonio Ruiz García,  como alcalde y Carlos Caminero, Francisco Barchino, Aurelio Abad, Pedro Bernardo y Tomás Abad, como tenientes de alcalde. La proclamación y transcurso de la Segunda República en Valdepeñas estuvo determinada por la falta de empleo y la tensión social. El problema fue acuciante en verano, durante la siega. La escasa recolección de cereales obligó al alcalde republicano, Antonio Ruiz, a reunir conjuntamente a la patronal local y a representantes de los obreros para hallar una medida con la que mitigar el escaso trabajo. Se pidió que no se despidiese ningún obrero de los que aún estaban trabajando en las casas de los terratenientes. Juan Amunátegui, presidente del Círculo de Labradores de Valdepeñas, pidió a cambio, al gremio de gañanes -que solicitaba un aumento de salario- retirase la demanda salarial debido a la mala situación económica de la ciudad. La llegada de la vendimia no mejoró la situación: la recolección en Valdepeñas fue dos quintos menos de la cosecha del año 1930. Ello se tradujo en una disminución de los jornales y en el  aumento de demandas salariares. La situación vitivinícola se debatió en noviembre, en una gran asamblea que trató sobre la última cosecha, el mercado del vino y el tratado con Francia de 24 de octubre de 1931. La convocatoria la realizó Juan Amunátegui y acudieron a Valdepeñas varios diputados de Madrid. Presidió el acto el diputado García Berlanga, el gobernador Doporto y el diputado socialista por Ciudad Real, Antonio Cabrera. También Emilio Cornejo, presidente del Círculo Mercantil de Valdepeñas. Paralelamente el Ayuntamiento, con fondos públicos y subvenciones estatales,  puso en marcha numerosas obras públicas para ocupar a los parados, pero también para su control social como la alineación de la calle Balbuena, construcción del alcantarillado, saneamiento del mercado municipal…, pero las obras iniciadas aquellos primeros meses de andadura de la república, que eran continuación de otras comenzadas con anterioridad, no alcanzaban a ocupar a todos los desempleados. Así, el 22 de diciembre de 1931  un concejal del Ayuntamiento, denunció en el pleno municipal, tratos de favor a aquellos trabajadores vinculados a la Casa del Pueblo y por tanto al partido socialista, frente a otros que continuaban parados y no estaba vinculados a la UGT. Los primeros meses republicanos y posteriores estuvo marcada por la falta de trabajo y de subsistencias en muchos hogares valdepeñeros. Esta situación fue criticada a través de  cantares populares que se coreaban en la calle por las clases populares, especialmente en Navidad:

Esta noche es nochebuena

y mañana Navidad

¡cuántos estarán bien llenos

y otros no tendrán ni pan!

Ande, ande, ande

La marimorena

Ande, ande, ande

¡Esto sí es pena!

….

Esta noche nace un dios

Debemos manifestarle

que el obrero de este pueblo

se está muriendo de hambre

En la puerta de la iglesia

he visto un hombre pidiendo

¡Al pedir limosa

un rico salió huyendo!

Esta última coplilla reflejaba otra realidad que se volvía insoportable para los sectores más pudientes de la población. En diciembre de 1930, El Eco de Valdepeñas  reconocía que eran constantes las invasiones de mendigos que sufría Valdepeñas:

“(…) enseñando sus lacras por las principales calles (…)”. “¿No se les podía socorrer con los fondos de mendicidad e impedir el bochornoso espectáculo?”

Especialmente problemática era la puerta de la Umbría de la iglesia donde los mendigos: “Apenas dejaban paso a los fieles.”

 (c) Carlos Chaparro Contreras

“La buena moza de La Mancha”

Este era el antiguo chapitel de la torre de Valdepeñas. Fue desmontado en julio de 1897. Se construyó a mediados del siglo XVIII por Alejandro Núñez de la Barreda. Era gemelo al chapitel de La Solana. Era de forma hexagonal y constaba de faldón,linterna y elevación. Por ser la torre una de los más esbeltas de la zona, los arrieros que cruzaban Valdepeñas hacia Andalucía la llamaban “La buena moza de La Mancha”. ¿No deberíamos luchar para reconstruir este chapitel?10502042_735405069854692_1564554045580671176_n

La procesión de los sombreros. La festividad de la virgen del Carmen en Valdepeñas

Desde que se fundara la cofradía a principios del siglo XIX, Valdepeñas celebraba la festividad de la Virgen del Carmen con novena, misa cantada el día de su fiesta, y una procesión desde la parroquia de la Asunción por las calles Real, Pintor Mendoza, Unión, Escuelas y plaza Mayor al atardecer del día 16 de julio. La procesión era conocida como “de los sombreros” por la gran afluencia de mujeres de buena posición social que acudían ataviadas de artísticos sombreros para combatir el calor y lucirse con su escapulario carmelita. La fiesta decayó mucho a finales del siglo XIX, hasta 1908 que resurgió con fuerza por un grupo de devotas y el clero parroquial hasta prácticamente el comienzo de la Guerra. Ya en sus últimos años  la calle Real acogía una simpática verbena frente al casino de la Confianza y casa de los Elola para celebrar la fiesta. La cofradía estuvo muy vinculada a la familia Vasco y Gallego en especial a Carmen Vasco y Carmelo Vasco (hermanos de Eusebio Vasco) en otras familias de la elite de Valdepeñas como los Fernández-Yáñez, Rojo y Santamaría. De aquellos años se conserva esta rancia estampa que representa la imagen momentos antes de desfilar en procesión.

Carlos Chaparro Contreras
Virgen del Carmen Valdepeñas.

La celebración de la fiesta de San Juan en Valdepeñas

ERMITA SAN JUAN

En torno a esta ermita de San Juan, hoy desaparecida, y que se ubicaba entre la calle San Juan y Chalanes,  fotografiada en 1910 por Román Prieto, VALDEPEÑAS celebraba su fiesta con puestos de almendras, juegos, vinos y hogueras. En esta explanada MONDOYO estrenó su cinematógrafo ambulante, el cine Imperial. EUSEBIO VASCO  recogió a finales del siglo XIX este cantar: “Hermosísimo San Juan, ¿cómo no te blanquearon?/ Si es por falta de escobones, bastantes tiene tu barrio.

Carlos Chaparro

Las navidades en Valdepeñas hace cien años

Valdepeñas celebraba a principios del siglo XX las fiestas de Navidad con gran regocijo popular. Desde las primeras horas de la tarde del día de Nochebuena la muchachada, pertrechada de zambombas, almireces, panderetas, guitarras y cualquier otro instrumento, recorría las calles más céntricas del pueblo entonando alegres canticos navideños y haciendo de las suyas. Al anochecer se abrían los templos y poco a poco se iban ocupando de curiosos y fieles que acudían a ver las imágenes que componían el popular “nacimiento”. A las 12, la tradicional misa del Gallo en las iglesias de la Asunción, Santo Cristo, capilla del hospital, asilo de ancianos y en el oratorio del colegio de los Maristas en la calle Castellanos, vinculado a la familia Vasco y Santamaría.

Sin embargo, no todos acudían a ver “el nacimiento” antes de la misa del Gallo. Para quebradero de cabeza de las autoridades algunos preferían celebrarlo en las tabernas de la plaza, lo que obligaba a la municipalidad a tomar disposiciones especiales para prevenir posibles desórdenes durante los oficios de Navidad y la Nochebuena. Por ejemplo en las navidades de 1919 se distribuyeron agentes de la policía municipal y de la guardia civil en las entradas de las iglesias para impedir la entrada de vecinos embriagados a la ceremonia. No debió ser suficiente esta medida porque al año siguiente, el alcalde ordenó cerrar todas las tabernas además de las buñolerías a partir de las 9 de la noche.  Junto a estas disposiciones, tampoco faltaron los cacheos  de la guardia civil a pie de calle para requisar armas blancas o de fuego. Ya lo decía el cantar:

Valdepeñas, ciudad bravía,

cien tabernas y una sola librería

La elite local aprovechaba las fiestas navideñas para ejercer todo tipo de actos benéficos con los más necesitados. Destacaban las comidas populares con las que obsequiaban a los niños de determinadas escuelas. Especialmente numerosas eran las que se celebraban en el colegio Molino de Vivar en la calle Real. A diario, el Ayuntamiento les obsequiaba con el desayuno, pero en el día de Nochebuena de 1919 el industrial Agustín Mora  ofreció de menú una paella para 160 escolares pobres.  De postre, un plato de soletillas con leche caliente para cada párvulo. En aquellos actos se prodigaban también los concejales y alcalde en una clara actitud paternalista, los maestros supervisaban que todo estuviera a punto y que los niños necesitados fueran ordenados ante las autoridades y su benefactor. El acto, para finalizar, quedaba plasmado para la perpetuidad en alguna instantánea de grupo como la que realizó para ese año el famoso fotógrafo Román Prieto, alias Mondoyo.

Calle Ancha

Calle Ancha de Valdepeñas en una postal del fotógrafo Román Prieto de los años diez del siglo XX. A la izquierda la casa de los López-Tello y la derecha la casa de los Cruz

Desde las instituciones, igualmente, se potenciaban este tipo de actuaciones, consideradas muy positivas por sus fines sociales, pero también por el claro control social que sobre las clases populares se ejercía a través de ellos. En el día de Nochebuena era tradicional que el alcalde repartiera algún socorro alimenticio para las familias más necesitadas. Un par de conejos y perdices era lo más común, sin embargo en algunas ocasiones la autoridad distribuyó dinero en metálico.Por lo que respecta a los pobres asistidos, es decir, aquellos que se encontraban internos en alguna institución como el hospital municipal o el asilo de ancianos, también eran objeto de atenciones especiales con motivo de las fiestas navideñas. Normalmente consistía en un donativo pecuniario que sus encargados administraban después entre los internos. A los reclusos pobres de la cárcel del partido el Ayuntamiento les obsequiaba con bonos de alimentos para cenar la noche del 24 de diciembre. Generalmente, como al resto de pobres, la limosna consistía en dos piezas de caza.

También los pudientes se prodigaban en detalles caritativos con los pobres. Por ejemplo en el año 1919 el coronel retirado José Aguilera Merlo, esposo de Marta Vasco Molina, obsequió a los presos pobres con una comida extraordinaria. Igualmente el comercio de la población contribuyó con el reparto de ropas a los niños huérfanos o abandonados en el arroyo de la Veguilla.

Pero sin lugar a dudas la fiesta más popular con la que se cerraba las fiestas navideñas y se inauguraba las celebraciones de los santos viejos era la de san Antón.  Aunque en la actualidad la fiesta está muy reducida, a principios del siglo XX fue uno de los cultos más difundidos en la población y uno de los que más ricas y pintorescas manifestaciones de cultura popular.

En una sociedad agropecuaria como la nuestra, a San Antón se le atribuía protección sobre los animales domésticos,  de ahí que el día de la fiesta, se celebraba con una importante presencia animal. Los mozos del pueblo que trabajaban como gañanes en algunas de las grandes casas de labor de población o sus propios dueños enjaezaban vistosamente  las mulas, caballos y asnos, en señal de ofrecimiento al santo, para que pasearan galantemente delante de la ermita de San Marcos dando las tradicionales “vueltas” a la ermita o compitiendo en las populares carreras en las eras cercanas hacia la carretera de Manzanares. La concurrencia de ganados en la calle Ancha derivaba en un vistoso desfile que los propietarios de animales  y empleados de las casas grandes utilizaban para su exhibición y lucimiento. Ya lo decía otro cantar popular:

Las mulas de Valdepeñas

tienen mucha vanidad,

porque no quieren la paja

y se comen la “cebá”.

Los balcones de las casas importantes de la calle Ancha se convertían en tribunas ocupadas por las jóvenes casaderas de la población que invitadas tenían la oportunidad de lucirse y a la vez admirar a los mozos durante las carreras. Concurridos y engalanados se veían los balcones de las casas señoriales de este tramo de calle denominado en aquellos años Ancha Alta. Destacaban por su imponencia las casas de los Izarra, de Vacas, de los  Fraile de Tejada (Agustinos), la de María Yáñez Rojo, la de los Molina y Nocedal, entre otras; pero sobre todo destacaban los balcones de las casas de los señores de Cejudo y de la viuda de Laguna por sus colgaduras y adornos además de por la presencia de las jóvenes más distinguidas de la población.

La concurrencia de personas en las eras y calle Ancha era aprovechada por numerosos vendedores que diseminaban por sus alrededores puestos de dulces y frutos secos. Junto a la exhibición de caballerías también se encendían las tradicionales “lumbres de san Antón” y se distribuían las caridades de pan después de la misa y bendición de animales.

Con el tiempo, ya en los años cincuenta del siglo XX,  las “vueltas”  a la ermita se celebraban en la mañana del día de la fiesta y por la tarde la procesión con la imagen del santo por las calles Ancha, San José, Unión y San Marcos. Una vez finalizada,  como antaño, la  bendición de animales y el reparto de pan o caridades.

Carlos Chaparro Contreras